BDSM Y BONDAGE: CÓMO EMPEZAR Y QUÉ ELEGIR

Una categoría que asusta de nombre y sorprende en la práctica. No se trata de dolor, sino de juego: entregar el control o tomarlo, con acuerdo de las dos partes. Bien hecho, genera una conexión y una intensidad que otras prácticas no dan.

Lo primero: el acuerdo
Antes de empezar se habla: qué sí, qué no, hasta dónde. Y se define una palabra de seguridad, una palabra cualquiera que, dicha en voz alta, frena todo al instante, sin discusión ni explicaciones. Sin eso, no se juega.

Antifaces
El más simple y el mejor para empezar. Al sacar la vista, todos los demás sentidos se agudizan: el tacto, el oído, la anticipación. Cambia la experiencia por completo y no requiere nada más.

Esposas
Restringen el movimiento de las manos. Las vendo en cuero y eco cuero, con y sin peluche, para más suavidad o más realismo.

Inmovilizadores
Sistemas más completos, que sujetan brazos y piernas. Para quien ya recorrió el camino de las esposas y quiere ir un paso más.

Látigos
Más de sonido y sensación que de dolor. Se usan suave, sobre zonas carnosas como los glúteos, nunca sobre la espalda baja, el cuello ni las articulaciones. La idea es el juego, no el daño.

Mordazas
Suman al juego de roles y a la sensación de entrega. Se usan por períodos cortos y siempre con una señal alternativa acordada, porque con la mordaza puesta no se puede decir la palabra de seguridad.

Plumas
El contraste. Después de la tensión, la suavidad de la pluma sobre la piel se siente multiplicada. Van perfecto combinadas con el antifaz.

Reglas que no se negocian
Palabra de seguridad siempre. Nada apretado al punto de cortar la circulación. Nunca dejar sola a la persona atada. Y al terminar, un rato de calma juntos: abrazo, agua, charla. Esa parte es tan importante como el juego.

© Espacio Íntimo – Coach Paola Zapata. Contenido propio. Prohibida su reproducción.